Las dudas emocionales en el primer embarazo

Durante mi embarazo me sentía como en una montaña rusa: de un día para otro me quedé sin trabajo (sí… siempre buscamos el momento ideal: ahí me di cuenta de que eso que idealizamos NO existe, que todo puede dar un giro de 180º en un segundo) y hubo otros problemas personales en los que las hormonas creo que no ayudaron demasiado.

Hacía un tiempecillo que habíamos planeado ser padres y ahora que ya era una realidad estaba angustiada. No era miedo a los 9 meses de embarazo (para esto me sirvió y mucho el libro “Qué esperar cuando estás esperando”, las consultas con la llevadora, las experiencias de mi mejor amiga y mi prima…), sinó a lo que venía con el parto, a ser mamá con todas las letras.

Creo que mi deseo de convertirme en madre venía promovido por el famoso reloj biológico, aunque no sabría asegurar si era por eso o porqué después de unos cuantos años de relación y al abrazar la treintena era “lo que tocaba”, porqué era un buen momento, porqué… O un poco de todo.
Aunque pasamos por una época de “a ver si tendremos algun problema de infertilidad” buscar el embarazo no fue un problema.
La cuestión es que hace 2 años la primavera, hormonas revolucionadas, barriguita de 7 meses y yo ahí estábamos un día cómo hoy con una mochila llena de preocupaciones:

  • ¿Sabré hacer de -y ser- buena madre?
  • ¿Querré a mi hijo/a?
  • ¿Podré darle todo lo que necesite?
  • ¿Me querrá él/ella a mi?
  • ¿Seré capaz de mantener la compostura durante el parto?

 

 

Hace poco, hablando con una amiga que pronto será mamá primeriza, me di cuenta de que muchas pasamos por los mismos quebraderos de cabeza. Mi experiencia actual se limita a un solo embarazo e imagino que en los siguientes una también tiene dudas; ¡aunque espero que menos!

Recuerdo mi parto a la perfección, mi último trago de agua hasta que las contracciones en los riñones me quitaron hasta las ganas de beber. El reposo entre una y otra para poder coger aliento y empujar, empujar, empujar sin permitir que flaquearan las fuerzas. Los ánimos de todo el equipo de materno mientras yo decía que no podía en el último empujón, cómo me hicieron tocar su cabecita para que viese que ya casi estaba aquí, que tenía que poder.
Y pude.
En cuanto me pusieron a esa pequeña niñita con gesto enfurruñado encima, después de todo el trabajo de parto, mi única preocupación era que con mi torpeza del momento se me cayese. Su calor, su carita, sus deditos… La cara de su papá mientras cortaba el cordón umbilical. Sus pulmones respirando aire por primera vez…Me enamoré por completo. No al momento, sinó en cuanto pasaron unos minutos y empecé a ser consciente. Y cada día que pasa me enamora más.

¿Soy buena madre? Habría que saber primero qué entendemos por una buena madre. Yo lo intento, cada día procuro ser mi mejor versión. Cubro sus necesidades de la mejor manera posible, con cariño. Además nos divertimos mucho juntas: bailamos, cantamos, nos tiramos por toboganes (sí, las 2… hasta que cualquier día me llamen la atención xD), aprendemos la una de la otra… También pierdo los papeles, hay días en los que parezco una loca estresada y empiezo a tener problemas de vocabulario delante de una híbrido de niña-loro que va con el recording puesto todo el día. Y discutimos. Sí, ya discutimos (¡¿porqué?!). Pero ella es muy feliz y risueña. Movida, alegre. Además tiene un gran padre que la adora… Por lo que si esto es guerra que no venga nunca paz 🙂
¿Querré a mi hijo/a? Cómo lo definiría… es un lazo que solo había experimentado con el nacimiento de mi hermano, pero aún más fuerte. No es que la quiera, es que la amo con toda mi alma.
¿Puedo darle todo lo que necesita? En lo emocional, sí. Se siente muy arropada por la gente que tiene alrededor: amigos, abuelos, bisabuelos, tíos, perritos, gatitos… En lo material también va cubierta de necesidades básicas y más de un capricho. Debemos valorar lo que tenemos 🙂
¿Me querrá él/ella a mi?
Pues claro que sí. Es muy difícil que un hijo no quiera a su madre. Y te puedo asegurar que esa sensación de plenitud cuando me abraza o me da un beso, cuando empezó a sonreír… no existen palabras para describirla.
¿Y el parto? Ay… el parto… por muchos vídeos que veas, por muchas experiencias que te cuenten, por más que pienses en ello… nunca será como lo hubieses imaginado.
Sólo déjate llevar, vívelo y no pienses ni analices lo qué está pasando, al fin y al cabo es de lo más natural que hay… el cuerpo es sabio y en caso de complicaciones estarás rodeada de especialistas que velarán para que todo salga bien.
Es un mero trámite para todo lo bueno que vendrá después 😉

 

 

 

Leave a Reply